martes 23 de octubre de 2007

Una minoría ignorada


La comunicación es la base de las relaciones humanas. Eso lo tenemos claro, pero... ¿Y si nos fallara la comunicación? ¿Seríamos capaces de llevar una vida normal si no pudiéramos comunicarnos con las personas que nos rodean? ¿Y si ni siquiera pudiéramos disponer de un idioma con el que expresar nuestros propios pensamientos?



En nuestra vida diaria nos encontramos con muchas personas que tienen problemas para integrarse en la sociedad, personas con movilidad reducida, con alguna discapacidad física o psíquica y, de alguna forma, todos estamos más o menos concienciados con sus problemas, les vemos en sillas de ruedas, con bastones o perros guías, con expresiones faciales parecidas, pero... ¿cómo podríamos hacer frente a unos problemas que ignoramos que existen? Éste es el verdadero problema de las personas sordas: sus barreras son invisibles.



Las personas sordas tienen graves problemas de integración debido a su incapacidad para oír. Nuestro mundo está hecho por y para personas oyentes y gran parte de la información de la que disponemos la adquirimos a través del oído y casi sin darnos cuenta, de forma totalmente inconsciente. Desde que nos levantamos oímos la televisión, la radio, al ir al trabajo, en el metro, en el autobús, por la calle, ... estamos recibiendo información continuamente. Incluso mientras dormimos seguimos recibiendo sonidos. Las personas sordas carecen de toda esta información. Actividades tales como ir a comprar el pan, acudir a un centro sanitario o cualquier otro tipo de trámite se convierten en un verdadero reto para estas personas.



Dentro de la comunidad sorda se habla un idioma gestual: la lengua de signos. Es un idioma perfecto para ellos pues poseen todos los elementos que se precisan: las manos y el canal visual por la que se transmite. Lejos de lo que se pueda pensar, la lengua de signos es un idioma como otro cualquiera, que ha nacido como respuesta a la necesidad de comunicación de un grupo de personas y, por lo tanto, no es un idioma universal, ni tampoco es una traducción literal del castellano con gestos. Es un idioma que posee todos los elementos necesarios para serlo: tiene su propia gramática, sus parámetros de configuración y demás, que hacen de ésta una lengua tanto o más rica que cualquier otra.



La lengua de signos acaba de ser reconocida (por fin) como una lengua oficial en España, equiparando así los derechos tales como el acceso a la educación de las personas sordas al resto de la sociedad y otorgándoles también el derecho a elegir libremente su lengua. Hasta ahora las personas sordas han tenido q hacer verdaderos esfuerzos por integrarse en nuestra sociedad. Algo tan básico como el acceso a la educación les ha sido otorgado a medias obligándoles a usar una lengua para la que carecen de los elementos necesarios.



La eliminación de las barreras de comunicación es posible, pero para vencerlas primero hay que verlas, aceptarlas y entonces luchar contra ellas.